Buscar el primer tiempo
Ayer estaba Suzanne, una clase de bachata y dos cuerpos intentando entender como moverse juntos.
La bachata tiene algo muy honesto. Uno puede decir que entiende, que observa, que calcula. Pero cuando empieza la musica, el cuerpo responde antes que el relato. Sabe donde es flexible, donde se resiste, donde quiere controlar.
Suzanne ya iba un paso por delante. Antigua cantante de jazz, lleva el ritmo como una lengua materna. Yo buscaba el comienzo del movimiento, ese primer tiempo que en ingles se llama the one. Y claro, esa expresion abrio otra puerta: buscar the one tambien es buscar a la persona adecuada, aquella a la que tal vez por fin estamos listos para recibir.
El cafe despues del baile
Despues de la clase, vamos a tomar un cafe. Suzanne me cuenta que es terapeuta, especializada en relaciones. Entonces le cuento lo justo de mi historia para que vea sus contornos.
Hay conversaciones que empiezan suavemente y que, sin avisar, ponen el dedo en un lugar muy preciso. Suzanne me mira y me dice algo que duele mas de lo esperado.
Creo que tienes un sentimiento de superioridad.
En ese momento, duele. Porque una frase asi deja muy pocos lugares donde esconderse. Pero enseguida anade que ese no es realmente el problema. Cuando uno crece demasiado solo, cuando tiene que madurar demasiado rapido, ciertas armaduras tienen sentido. Protegen. Ordenan el mundo. Ayudan a sostenerse.
Quizas el problema no sea haber construido la armadura. El problema es seguir escondido detras de ella cuando la guerra ya termino.
La apertura como entrenamiento
Suzanne habla entonces de apertura, de vulnerabilidad, de esa capacidad extrana de dejar de intentar estar por encima y simplemente estar ahi. No brillante. No invulnerable. No adelantado a todo el mundo. Ahi.
Es casi irritante, porque dicho asi parece una receta demasiado simple. Estar presente. Decir la verdad. Soltar un poco la superioridad como estrategia de supervivencia. Y tal vez, dentro de ese movimiento, volverse capaz de encontrar The One.
Pero la vulnerabilidad no llega como una revelacion limpia. Llega con torpeza, como los primeros pasos de un baile. Hay que perder el ritmo. Volver a empezar. Sentir las ganas de protegerse y elegir, aun asi, una pequena apertura.
Una invitacion
Entonces este episodio empieza aqui: con un cuerpo que aprende bachata, una mente que aprende a bajar de su torre y una voz que intenta decir algo sin defenderse demasiado.
Necesito entrenarme. No en abstracto. No solo dentro de mi cabeza. Con alguien enfrente, aunque ese alguien siga siendo un desconocido.
Eso es lo que te propongo: que seas mi One por un tiempo. No como una promesa romantica, sino como un punto de partida. Un primer tiempo. Un lugar donde intentar ser un poco mas verdadero.
Entonces, si te apetece, me sigues?